jueves, septiembre 11, 2008

Ismael Medina, Una estrategia tiranizadora en version esperpentica

jueves 11 de septiembre de 2008

Una estrategia tiranizadora en versión esperpéntica

Ismael Medina

N O es Baltasar Garzón el actor principal del actual esperpento nacional, necesitado de un redivivo Valle-Inclán que lo clave para la historia en punzante narrativa. Es Rodríguez la clave del esperpento que a toda España infesta. Los demás, incluido el extrajuez Garzón, no pasan de cuadrilleros en la corrida bufa del actual Ruedo Ibérico valleinclanesco en la que Rodríguez encarna la versión falsamente angélica de un don Tancredo embaulado en lo grotesco como historia.

Le decía Valle-Inclán a Martínez Sierra que existían tres maneras de ver el mundo: ”de rodillas, en pie, o levantado en el aire”. Pocos son hoy los que en España escapan de la letrina política y social para contemplar el mundo, y sobre todo el mundo de nuestro Ruedo Ibérico, con vuelo de águila y espíritu sarcástico. Y si los hay, quedan presto prisioneros en el calabozo de un silencio entre mortecino y mortal. Ni tan siquiera van por la vida en pie. Se ha impuesto la demoledora uniformidad del absurdo y de lo grotesco. De un esperpento burocratizado de mansedumbre y de cochiquera en el que difícilmente un grito de rebeldía puede romper el coro de balidos del rebaño democratizado. Incluso Rosa Díez, emergida como díscola campeona izquierdista de la unidad nacional en fase de destripamiento, está anclada en la ciénaga de ese progresismo desalmador que convierte a la sociedad en granja orwelliana y destruye en sus mismas surgientes los caudales de la libertad.

CUANDO LA TIRANÍA SE DISFRAZA DE DEMOCRACIA

EL filósofo Gustavo Bueno (lo es con diferencia abismal a los que se dicen tales o, como Savater, convierten la filosofía en escenario político de académica autosuficiencia) ha dicho de la última patochada judicial de Baltasar Garzón que se cree una juez universal que aspira a ser presidente del Tribunal Internacional de Justicia, “una especie de Espíritu Santo que juzga a todos los hombres y a los gobiernos”. Cabría matizar esta aclaratoria percepción de la postmodernidad democrática y progresista. La encarnadura en ella de un Espíritu Santo laicista la asume cada secretario general de las Naciones Unidas, Rodríguez la de un ambiguo Jesucristo local en España y Garzón la de un manipulador San Pedro en posesión de las llaves del cielo y el infierno postdemocráticos.

Aseveraba Locke que allí donde termina la ley, empieza la tiranía. Y la conseja popular que la ley es lo que manda el rey. En definitiva, y sin entrar en enredosas disquisiciones filosóficas ni jurídicas, que la ley se convierte en fuente e instrumento de tiranía cuando se la priva del soporte de valores morales que la hacen justa, la promulgue un rey absolutista o la farándula partitocrática encaramada al poder. Lo advirtió siglos atrás Santo Tomás de Aquino: “El régimen tiránico no es justo por no ordenarse al bien común, sino al bien particular del gobernante”. Y es lo que aguanta arrodillada nuestra sociedad.

Rodríguez y sus abastecedores de excrementos retóricos nos quieren vender una burra agónica como virtual y hermosa jaca hispanoárabe. Lo ha dicho Pepiño Blanco desde la “trágica mojiganga” en que bracea sin que, al parecer, le sirva su nariz de podenco para olfatear la realidad: “Los españoles viven mejor que nunca”. Es patente que Pepino Blanco tiene esa percepción mirándose a sí mismo y a esa enorme jauría de perros falderos que han hecho de la partitocracia profesión de acomodados rentistas y ferial de tratantes, sacamuelas, navajeros y truhanes. Son el recuelo de la “historia esperpentizada”, llevada a los límites extremos del absurdo, con que Valle-Inclán flageló a los de su tiempo. A veces se cae en la tentación literaria de definir nuestra realidad como kafkiana. Pero el absurdo de Kafka era una suerte de refracción freudiana del racionalismo centroeuropeo. De su mismidad racionalmente torturada. Lo nuestro es otra cosa. Lo ponía Valle-Inclán en boca de Max Estrella, su personaje capital de “Luces de Bohemia”: “España es una deformación grotesca de la civilización europea”.

Cita la anterior que nos devuelve a la realidad histórica y trágicamente reiterada del fracaso y los conflictos en que una y otra vez, desde las Cortes de Cádiz acá, han desembocado los intentos de lineal asunción de los metros del racionalismo materialista europeo, fueran liberalistas o socialistas. Y el hecho, asimismo, de que calaran más profundamente los anarquistas, aunque revertidos a la especificad de esa parcela de nuestro ser cultural que el substrato bereber nos dejó como parte de una herencia genética que nos desmiente aquello “ya no hay Pirineos”, de Luís XIV, y su reiteración en ese amontonamiento inorgánico en que de manera inexorable ha derivado el sueño de la unidad europea. Desde esta perspectiva se entiende mejor el entusiasmo de Rodríguez por la Alianza de Civilizaciones, en realidad con el fundamentalismo islámico, y la sumisa devoción hacia el sátrapa marroquí, cuyas motivaciones reales, a mi parecer inconfesables, no son precisamente ideológicas, de política exterior razonable y difícilmente coherente con una necesaria y nada aventurada previsión estratégica de conflicto armado.

CUANDO DOS SIGLOS DESPUES ES ACTUAL EL ALERTA DE ANTONIO CAPMANY

APENAS concluido el párrafo anterior me llegó desde Córdoba, remitido por uno de mis hermanos, el libro “Centinela contra franceses”, escrito a caballo de la Guerra de Independencia, de la que ahora se conmemora su doscientos aniversario con una cutre y contradictoria parafernalia. Jesús Lainz ha liberado “Centinelas contra franceses” (Ed. Encuentro) de la cárcel del silencio nacionalista y progresista con una excelente introducción biográfica de Antonio Capmany que nos sitúa ante la evolución de un ilustrado que aporta noticias ocultadas sobre los beneficios que para Cataluña resultaron del hoy tan vituperado Decreto de Nueva Planta. Ahí comenzó la modernización de Cataluña y su auge económico cuyas calenturas nacionalistas amenguan cuando en la política económica de los gobiernos españoles prevalece el proteccionismo y se encrespan si el camino elegido es la libertad de mercado.

Sociólogos catalanes sostienen ahora que el principal factor de desorientación de aquella sociedad radica en “la toma de conciencia de que Cataluña ha dejado de ser el motor de la economía y de la modernidad de España”. Podría retrucarse con abundancia de pruebas que España ha sido con sus aportaciones financieras y humanas el motor de la economía catalana. Es lo que esconde el actual y exacerbado victimismo nacionalista estimulado por Rodríguez con la promoción de un Estatuto a todas luces anticonstitucional, resuelva lo que resuelva el TC. La polémica en torno a la financiación se instrumenta a partir de un grotesco “traganuos”, que se dice por Jaén, mi tierra de adopción, a determinas y burdas formas de transacción engañosa. Pone la Generalidad sobre la mesa lo que transfiere al común del Estado de los impuestos allí ingresados, pero oculta la corriente dineraria, muy superior, que llega a las arcas de sus grupos financieros y empresas del resto de España con la consiguiente repercusión en ingresos fiscales.

La realidad nos muestra que Cataluña es incapaz de tener una economía boyante si no succiona del resto de España, como antes de sus colonias, en particular Cuba. Y es llamativo, por no decir esclarecedor, que el gran empujón a la prosperidad de Cataluña, de Barcelona en particular, se registrara durante el régimen de Franco en función sobre todo de dos vectores: las poderosas inversiones industriales y de infraestructuras, entre éstas el superpuerto barcelonés y la autopista del Mediterráneo; y la poderosa corriente migratoria que fomentaron esas otras acciones protectivas y sin las cuales habría sido imposible el despegue económico y social catalán. Una parte sustancial de aquella sociedad a la que el radicalismo nacionalista niega orígenes y lengua desde un gobierno que preside un charnego y otro su mayor extremismo secesionista. Un esperpéntico fenómeno psicosociológico que el PSC ejerza la tiranía catalanista sobre aquellos mismos a los que debe su mayoría en el ejecutivo taifal. Y aquí retorno sobre el libro de Capmany.

Apasionado defensor del uso correcto de la lengua española y fustigador incansable de la invasión de galicismos y anglicismos innecesarios para un buen traductor, el catalán Capmany sentenció respecto al texto de la Constitución de Cádiz de cuya orientación ideológica participaba en buena medida: “Sólo un requisito le falta: estar escrito en castellano”. Con independencia de que, de vivir hoy, bramaría contra la tiránica imposición de lenguas locales, los necios eufemismos tras los que los políticos de turno ocultan la realidad y su responsabilidad en tantos entuertos, o el penoso manejo del idioma en los medios de comunicación, Capmany habría escrito lo mismo respecto del lenguaje de la Constitución de 1978, amén de reprobar enérgicamente su confusión conceptual y su deriva ideológica con especial énfasis en lo tocante al Titulo VIII y la nefanda inclusión del término “nacionalidades”. Y es que de ahí provienen todos los males que ahora aquejan al la solidez del Estado, convertido en un pingajo, a la amenazadora precariedad de la unidad de España y a la calculada corrupción moral de la sociedad. Los tres más graves problemas a que nos enfrentamos junto a la recesión económica en buena medida derivada de los otros dos.

CUANDO VUELVEN A INFLUIR Y MANDAR LOS QUE ENTREGARON ESPAÑA AL ENEMIGO

NO me resisto en este punto a reproducir este párrafo de Capmany: “¡Oh incautos españoles! Aún creo que no habéis temido todo lo que podríais temer de las inicuas ideas de Bonaparte, hecho dueño de España. Preveíais éstos y los otros trastornos, contribuciones, conscripciones, abolición de vuestras leyes, ruina de vuestra santa Religión, pérdida de las Américas, etc. Pero, ¿estabais seguros de que no había de poner la España por el modelo de los demás países que domina mediata o inmediatamente? ¿Estabais seguros de que, tomando en todo por pauta a su organizada Francia, no os dividiría en departamentos, distritos, prefecturas, etc., quitando el nombre y la existencia política de vuestras provincias y acaso el nombre mismo de España, imponiéndola el de Iberia o Hesperia, según la manía pedante de sus transformaciones, para que así nuestros nietos no se acordasen de qué país fueron sus abuelos? ¿Y sabéis si, para mayor castigo y despecho suyo, nos tendría preparado otro género de dolor afrenta? ¿Si nos volvería a Godoy con toda su pompa y fausto?”.

Cambiemos Francia por ONU y Bonaparte por Ban Ki-moon, sucesor de Kofi Annan, actualicemos la historia sustituyendo las Américas por nuestra actual entidad territorial y toparemos con la evidencia de que la actual deriva pseudodemocrática y descoyuntadora, proveniente de la Constitución de 1978, se ajusta a las pautas del Nuevo Orden Internacional. Aquellas mismas que la Secretaría General de la ONU introduce, unas veces con descaro y otras subrepticiamente, a través de sus múltiples tentáculos mundialistas. Cuando se analiza uno por uno la ejecutoria de estos organismos no tarda en descubrirse su identificación motora con las voladuras morales a que se lanza en tromba el gobierno Rodríguez, un alucinado sosias de los Kirchner y de tantos otros deslamados atrabiliarios caciques con los que andan en besuqueos progres e incluso con falsa vitola conservadora.

La Alianza de Civilizaciones, diseñada por Kofi Annan, no se entiende bien del todo si no se profundiza en el conocimiento del New Age, una suerte de sincretismo cuyo diseño gráfico es un círculo integrado por todas las religiones sometidas, en cuyo centro de gravitación se alza la imagen simbólica de la divinidad laicista. Algo así, a vista de pájaro, como una rosa cuyo tallo es un obelisco. Rosa empuñada, rosa aprisionada, es, no en vano, el símbolo de la socialdemocracia moderna, engañoso encubrimiento de su raíz iluminista. Puño en alto mientras cantaban la Internacional se manifestaron Rodríguez y sus acólitos en el festival de Rodiezno, aclamados por miles mineros jubilados a quienes la creación de HUNOSA salvó de los cierres que desde años se multiplican y han desfondado la economía y el horizonte social de las cuencas. Días más tarde, tras el número chungo del debate parlamentario de miércoles, marchará a Turquía para compartir son su socio Erdogan la cena final del Ramadán, mientras su gobierno pone asedio a la Iglesia católica y un desmesurado empeño en destruir cualquiera fundamentos morales de la sociedad. Alá le importa un pito a Rodríguez. Pero no así el cumplimiento de las órdenes que le llegan desde la mesa de los botones de la secretaría general de la ONU.

CUANDO SE CONFUNDE UNA ESTRATEGIA ANIQUILADORA CON SUS ACCIONES TÁCTICAS

YERRAN, insisto, quienes creen que se busca encubrir la crisis económica con la balandronada desenterradora de rencores de Garzón, el crimen abortivo libre anunciado por la Bibi, el “suicidio voluntario” promovido por Benet Soria, el castigo con una multa millonaria a los facultativos que se resistan a practicar la eutanasia activa con que amenaza el virrey mafioso de la taifa andaluza, la imposición de ese bodrio de catequesis iluminista que es Educación para la Ciudadanía, la conversión por la Chacón de las Fuerzas Armadas en caterva de pacifistas, la marcha acelerada hacia un federalismo descoyuntador, el sometimiento de la Justicia a los caprichos del poder y tantas otras tropelías de inequívoco cariz totalitario. Todo ello configura un frente coordinado de acciones tácticas que responden a un diseño estratégico de alcance mundial en el que marchan de consuno socialismo y liberalismo. ¿Cómo entender, si no, que los dueños del dinero estén con el socialismo y que los llamados conservadores ahoguen sus presuntas convicciones humanistas frente a tales aberraciones? Una derecha vergonzante, a laq ue apenas si se le escuchan suaves balidos de protesta, cuando no protagoniza piruetas de edulcorado laicismo. ¿También está penetrada por el virus del iluminismo?

El despedazamiento de Yugoslavia, e incluso de las partes que inicialmente resultaron de su calculada voladura, se corresponde con una estrategia de desgarramiento de los Estados-Nación que ya anunciara David Rockefeller en una conferencia a la que en más de una ocasión me he referido. Rockfeller postulaba la sustitución de los Estados-Nación por grandes empresas, las cuales asumirían funciones sociales benefactoras. Pero una tal sustitución requeriría para llevarla a la práctica, aunque lo ocultara Rockefeller, que los Estados-Nación se destruyeran a sí mismos mediante la insurgencia de artificiosos nacionalismos locales, los más radicales de los cuales inscriben en sus banderas la estrella de cinco puntas, santo y seña del iluminismo, que éste imprime también como signo indeleble de su dominio en países reales o inventados. La introducción en la Constitución de 1978 del término “nacionalidades” y el mejunje del Título VIII que instauraba el Estado de las autonomías no fue una improvisación. Fueron pensados, al igual que otros tramos capitales de su texto, como una bomba de relojería que haría saltar por los aires el Estado-Nación español que ahora, con Rodríguez, ha dejado de ser una posibilidad para hacerse ominosa realidad.

La sentencia del Tribunal de la Audiencia Nacional presidido por Bermúdez, amén de la retocada a la baja por el Tribunal Supremo, exoneraron a la mayoría de los procesados por la matanza del 11 de marzo de 2004 y no lograron definir el cerebro inductor. Ahora se consolida la sospecha de que fue planeada por ocultos servicios diestros en este tipo de acciones criminales para el logro de los objetivos políticos que del genocidio resultaron. No digo que Rodríguez fuera conocedor de la trama. Pero sí que la promoción de un sujeto tan sin sustancia, vacuo y psicópata como él, émulo en tantas cosas del Godoy que zahirió Capmany, era el más idóneo para satisfacer en España los designios tiránicos del Nuevo Orden Mundial.

¿Hasta dónde soportarán los españoles esta desmadrada y torticera versión esperpéntica del “Ruedo Ibérico” de Valle-Inclán? ¿Hasta cuándo se prolongará la mansedumbre? Llegará un día, sin duda, en que, como otras tantas veces, de pronto, hastiado de la tiranía, al pueblo se le caliente la cabeza y asistamos a un exasperado y anárquico estallido del que los conflictos taifales pueden ser la chispa que haga saltar un polvorín alimentado ya por las muy variadas formas de violencia que hoy corroen la seguridad pública.

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