miércoles, julio 23, 2008

Tomas Cuesta, Las cosas del querer

miercoles 23 de julio de 2008
Las cosas del querer
TOMÁS CUESTA
MANOLO Vázquez Montalbán (que fue el penúltimo escritor comprometido de las letras hispanas; el último fue Vizcaíno Casas) salió en defensa de la copla con el fervor irreducible de un caballero andante. En aquellas historias, que olían a pensión, a patio de vecinos, a berza y a fritanga, se encontraba el grial de los años del miedo, de los faroles tísicos, de los placeres de estraperlo, de la esperanza racionada. La copla, antes de ser absuelta por un rojo «comme il faut» y de solvencia contrastada, era la apoteosis del franquismo, del folclore cañí y reaccionario, del movimiento perpetuo hacia ninguna parte, de los coros y danzas, del servicio social, de las demostraciones sindicales, de los selectos saraos faranduleros en los jardines de La Granja.
El padre de Carvalho, sin embargo, se sacó de la manga marxistoide la «Crónica sentimental de España» y, de repente, los izquierdistas de salón comenzaron a oír a la Piquer (doña Concha, para los iniciados) y a Miguel de Molina (que tenía más morbo que los «New York Dolls» y que «Ziggy Stardust») y hasta a Carmen Morell y Pepe Blanco (el fetén, por supuesto, no el desafinado). Claro que Vázquez Montalbán arrimaba el ascua a su sardina al escuchar «Ojos verdes», «La bien pagá», «El emigrante», con los auriculares del materialismo dialéctico y no con los oídos, finísimos, del alma. Vamos, que hacía trampas. Pero, no es menos cierto que, en cualquiera de los casos, contribuyó a que el rebaño progresista se desintoxicase de la canción protesta y de la murga afrancesada. Algo se consiguió; menos es nada.
Montilla y Zapatero ni se han quedado con la copla ni han leído a sus clásicos. Y es una lástima, porque cuando el señor Montilla, encampanado en el estrado de «molt honorable», se despachó con que su amor por Cataluña sobrevolaba el cariño partidario, el presidente podría haber repuesto que estaba dando el cante. Pues ese es el intríngulis de «Las cosas del querer» y Rafael de León, un genio inabarcable, lo había puesto en solfa hace ya muchos años. Rodríguez Zapatero, por lo tanto, sólo tenía que haberse echao palante -con algo de facundia, a falta de gracia- y dar un taconazo en el barril de amontillado:
«Si tu gente no me quiere,
ni a ti te traga la mía
¿por qué tú te has vuelto loco
y yo estoy loca perdía?»
Ante lo cual, José Montilla, buceando a pulmón libre en la hondonada de la raza, quizá hubiera encontrado, sin avergonzarse, un leve chispazo de su tierra de Iznájar:
«Si tu no tienes dinero
y yo no tengo dos reales
¿qué vamos a hacer, «sentrañas»,
con tan pocos capitales?»
Y, para rematar, mirándose a los ojos con la ternura sin espinas de los camaradas, mezclarían sus voces como los bucaneros se ataban de por vida confundiendo su sangre:
¡Válgame la Soledad!,
si somos uno del otro,
¿quién nos puede separar?
Si la escena hubiera transcurrido conforme a esas pautas, es probable que Vázquez Montalbán, allá donde se halle, hubiese derramado una furtiva lágrima, mientras que el otro paladín del compromiso, Vizcaíno Casas, se desencuadernaría a carcajadas. No obstante, la política, en estos adustos páramos, sólo da para ortigas y cardos borriqueros, para escozores y para burradas. El «president» Montilla torpea con la lengua -nadie es perfecto, ya se sabe- pero tiene una boca que envidiaría un fraile. Y está obligado a pedir por esa boca a fin de demostrarle a sus conciudadanos que es un patriota de hoz y coz, que la pela es la pela y que va a pelearla. Las cosas del querer, al fin y al cabo, se acaban orquestando con miles de millones, cantantes y sonantes. Porque una cosa es hacer votos por la supervivencia del estado solidario y otra pagar los votos que te has llevado a la «butxaca». O sea, que más le vale al señor Solbes el irse aficionando a Marifé de Triana:
«Maria de la O, que desgraciadita
gitana tú eres teniéndolo tó.
Te quieres reír y hasta los ojitos
los tienes morados de tanto sufrir.
Maldito parné...»
Maldito parné. Hay amores que matan.


http://www.abc.es/20080723/opinion-firmas/cosas-querer_200807230304.html

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