martes, abril 22, 2008

Pablo Sebastian, La Tahúr del Manzanares

martes 22 de abril de 2008
La Tahúr del Manzanares
Pablo Sebastián
La crisis galopante del Partido Popular está degenerando en una discusión tabernaria en la que la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, no ha dudado en presentarse como la reina de la timba alardeando, ante decenas de medios de comunicación (y en TVE), que ella es una gran jugadora de póquer y que, antes de enseñar sus cartas, hay que repartir los naipes, con lo que vuelve a su premeditado juego de envenenar la partida y el precongreso del PP, para dejar inservible el liderazgo de Rajoy, incluso aunque logre renovar la presidencia del partido, porque el daño está hecho.
La imagen y el liderazgo de Rajoy ya estaban deteriorados en el PP por su falta de autoridad en los pasados años, y aún más tras la derrota electoral y la posterior promoción de su camarilla al frente de las distintas portavocías de su partido en el Parlamento. Pero ahora, Rajoy, en la reyerta pública con Aguirre, donde perdió los nervios pidiendo que se vaya al partido liberal, se ha bajado a los arrabales del río Manzanares, donde le están esperando la Tahúr y la partida de bandoleros políticos y mediáticos de la baronesa. La que presume de jugadora de naipes sin escrúpulos ante toda España, tal y como lo anunció en aquella autohagiografía titulada La Presidenta, en la que ya enseñaba —incluso en el titular— las cartas de su desmedida ambición, porque es incapaz de disimular un farol, y su cara es el claro espejo de su jugada política, como Telemadrid lo es de su pretendido talante liberal.
En realidad, Aguirre está haciendo con Rajoy lo que hizo con Gallardón en la víspera de las elecciones generales cuando lanzó un envite a Rajoy —que el líder del PP aceptó encantado para quitarse un competidor— y le advirtió que, si Gallardón estaba en las listas del PP por Madrid al Congreso de los Diputados, ella iría también.
Aguirre sabe que, hoy por hoy, no tiene posibilidades de ganar el Congreso del partido y quiere llevarse a su tumba a Rajoy. Como en enero se llevó a Gallardón a ese mismo panteón, donde ya ha metido a Acebes y Zaplana, y en el que, si las cosas siguen así, acabará por enterrar a la mitad del PP ante el entusiasmo y el asombro del PSOE, desde donde José Blanco no se ha recatado a la hora de hacer sangre en las heridas abiertas en este partido, calificando de autoritario a Rajoy por pedir a Aguirre que se vaya al partido liberal.
Una declaración de guerra que Rajoy ha comenzado a rectificar, por boca de portavoces ignotos del PP, ante la exigencia pública de ayer de Aguirre en el hall de la presidencia madrileña de la Puerta del Sol, de que explique si ha pedido o no “su expulsión” del PP, subiendo ella el nivel de apuesta y la agresión al hablar de “expulsión” —Rajoy dijo “que se vaya”—, delante del atónito presidente valenciano, Francisco Camps, que se vio en la obligación de precisar que el verbo “expulsar” no figura en el vocabulario del PP.
Y así, desde el aparato del PP de la calle Génova se hizo saber que Aguirre es “un gran activo” del partido, temerosos, todos, de la posterior aparición de la presidenta en TVE 1, donde —imaginamos que por encargo del PSOE o de la Moncloa— se decidió adelantar, a la hora de la máxima audiencia, las 22.00, el programa 59 Segundos para que España entera viera cómo se destrozan los dirigentes del PP, dando la palabra, sin réplica, a la enemiga número uno de Rajoy, que hizo alarde de comedida para no encrespar más los ánimos de sus adversarios del PP y del propio Rajoy.
El que, para colmo de su desgracia y propios errores, no tiene un medio de comunicación que le apoye, o periodistas de prestigio que lo defiendan, de las iras y trampas de la Tahúr del Manzanares, entre otras cosas porque él mismo se ha encargado de maltratar a casi todos los medios y profesionales de prestigio, y el único apoyo con el que cuenta es el de la crítica furiosa de los medios del PSOE contra Aguirre, lo que la convierte, por otra parte, en la heroína del PP, a la que aclaman El Mundo y la COPE, mientras sigue en el limbo —aunque a su favor— el ABC, y confuso el diario La Razón.
Aguirre no enseña sus cartas, pero se le ven, porque no sabe disimular. Y está encantada con su protagonismo nacional a la espera del momento más oportuno para saltar sobre el congreso del PP.

http://www.estrelladigital.es/diario/articulo.asp?sec=opi&fech=22/04/2008&name=manantial

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