lunes, marzo 31, 2008

Francico Perez Abellan, La Ley de la niña Mari Luz

lunes 31 de marzo de 2008
CRÓNICA NEGRA
La ley de la niña Mari Luz
Por Francisco Pérez Abellán
Hace sólo unos meses Sarkozy prometió reformas para que Francia pudiera combatir a los pederastas asesinos. En todo el mundo, también en los países más democráticos, la lucha contra los pederastas y asesinos de niños es una constante desde hace décadas. En Estados Unidos, algunas leyes llevan incluso el nombre de niños asesinados. Es importante recordarlo, para los figurones de relumbrón que se pasean por los foros afirmando que no hay que legislar a golpe de pasión.
En un país serio y democrático, preocupado por la seguridad de sus ciudadanos, con un Gobierno decidido a garantizar la integridad de los niños, no sería extraña una "ley de la niña Mari Luz" para que ningún otro asesino de niños actúe con impunidad. En EEUU, la Ley Lindbergh, aprobada tras el secuestro del retoño del famoso aviador, igualaba en el castigo el secuestro con la muerte. Nada desproporcionado, porque secuestrar es matar en vida.

En nuestro país hay decenas de miles de pederastas metidos en internet. Hasta el presunto autor de la muerte de Mari Luz Cortés, la niña de Huelva, aprendió a navegar por la red de redes para acosar a las pequeñas. Sus víctimas, empezando por su propia hija, tienen entre cinco y trece años. En el juicio, celebrado en Sevilla, donde se le condenó por abusar de su hija se le diagnosticó una grave patología mental, lo cual no le impide ser más listo que el hambre. A ver qué loco hace lo que él: poner en venta la casa en que vive de alquiler. A ver qué loco sale huyendo del barrio El Torrejón avisado de que en cualquier momento la sospecha se transformará en certeza. A ver qué loco, mire usted, maquina una acusación de delito sexual contra un profesor de gimnasia, al que extorsiona exigiéndole, "por lo menos", 60.000 euros.

Es un loco cuerdo que estaba libre. Había sido condenado dos veces por abuso sexual a niños y estaba inserto en un presunto proceso de transformación: crisálida de pederasta mutando en capullo social, acogedor, subvencionado, hasta convertirse en posible asesino en serie. Los padres de la niña Madeline McCann se interesan ante la posibilidad de que el supuesto culpable de la muerte de Mari Luz lo sea también del secuestro de su hija.

La "ley de la niña Mari Luz" debería ser corta y muy clara, y estar encaminada a aligerar los trámites contra los asesinos de niños, los abusadores sexuales, los traficantes de pornografía infantil y los criminales que tengan de cualquier modo a los pequeños por objeto. En España faltan de su casa demasiados niños; por ejemplo, Sara Morales, Yéremi Vargas y Amy Fitzpatrick. Los asesinos de niños no son tratados con el rigor que merecen: la instrucción y vista de estos casos debería ser algo prioritario, los trámites deberían acelerarse lo más posible y los expedientes, llevar el membrete de "urgente". No más pederastas con patente de corso.

Se dice que el ahora investigado estaba en la calle cuando debería estar cumpliendo condena, por lo que Mari Luz debería estar viva. De ser así, alguien tendría que pagar los vidrios rotos. Los funcionarios que no hayan actuado con diligencia, los negligentes o inútiles, deben ser apartados. El caso Mari Luz pone de relieve cosas apuntadas en el pasado; por ejemplo, que los asesinos de niños suelen ser reincidentes: ahí están el que mató a Olga Sangrador y el Asesino de la Lavadora, por citar sólo un par de antecedentes.

Se necesita una Ley Mari Luz para que la sociedad se preserve de los pederastas, los señale con el dedo y les impida moverse a sus anchas. La ley de la pequeña onubense debería exigir que se diagnostiquen las enfermedades mentales con todo rigor y precisión. Cualquiera sabe que en un proceso penal se consulta a los peritos consultados por las partes, pero no siempre están de acuerdo. ¿Cómo puede un loco auténtico serlo para la defensa pero no para la acusación? Los locos irresponsables de causas penales pero peligrosos para los niños también tendrían que ser custodiados, quizá de por vida. Los asesinos de niños no tienen cura.

Sociedades democráticas como la norteamericana o la francesa no temen enfrentarse a los pederastas. El abuso de niños es la última guinda de los pervertidos sexuales en esta sociedad pervertida. Sólo necesitan que la ley sea débil, el procedimiento lento y los jueces, distraídos. Como la Ley Lindbergh, la Ley Mari Luz, que el otrora fiscal Bermejo no se atreverá a abordar, debería estudiar el flanco más expuesto de la actual legislación. En el gobierno de los jueces, tantas veces callado y tan proclive a extremar la mesura, ya se han oído voces favorables al restablecimiento de la cadena perpetua. Puesto que los pederastas no se curan jamás, que jamás salgan de las cárceles.

La niña Mari Luz no debe ser olvidada. Merece una ley. Las leyes deberían llevar los nombres de las víctimas, en vez de ocultar a quienes las promueven cuando fracasan, como ahora, estrepitosamente.

Los ciudadanos no merecen un Gobierno que no les garantice la seguridad. En España se detiene a violadores siete años después de que empiecen a actuar, se deja en libertad a grandes asesinos con sólo quince años de prisión, y se asiste con desesperación a los ímprobos pero insuficientes intentos de encontrar niños raptados.

La "ley de la niña Mari Luz", niña de etnia gitana, redicha y bien educada, graciosa hasta decir basta, flamenca y confiada, debería velar por los niños amenazados, puesto que una conjura de pederastas los amenaza. El ahora capturado nunca se habría atrevido a pasar de una punta a otra del país, de Sevilla a Gijón, practicando el acoso de las pequeñas si la primera vez se hubiera enfrentado a un castigo proporcionado a su culpa. Este hecho doloroso, donde la gran lección de dignidad humana viene principalmente de los padres de los desaparecidos, debe comprometer a todos.

En Estados Unidos no les duelen prendas a la hora de mantener encerrados de por vida a individuos peligrosos como Charles Manson o el asesino de John Lennon. Y eso que el de Liverpool cantaba con Yoko Ono aquello tan impertinente de "jueces a la cárcel, criminales a la calle".

Los de Lennon fueron tiempos revueltos, de protesta. Entonces como ahora, los rebeldes eran ricachos protegidos por cámaras, guardaespaldas y circuitos exclusivos. Sus hijos van al cole rodeados de medidas de seguridad y viven en casas defendidas con fosos para leones. Para todos los demás, para la gente de a pie, para los votantes inconscientes incluso, promúlguese la "ley de la pequeña Mari Luz". Para saber cómo se hace, habrá que enviar a quienes se encarguen de redactarla al país democrático por excelencia: los EEUU. Para que les hablen, por ejemplo, de la Ley Megan.


FRANCISCO PÉREZ ABELLÁN, presentador del programa de LIBERTAD DIGITAL TV CASO ABIERTO.


http://findesemana.libertaddigital.com/articulo.php/1276234475

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