viernes, marzo 28, 2008

Felix Arbolí, ¿Ha dejado España de ser catolica?

viernes 28 de marzo de 2008
¿Ha dejado España de ser católica?
Félix Arbolí
A ZAÑA, allá por los años de “maricastañas”, cuando a los españoles les azuzaban a diestro y a siniestro para sufrir uno de los enfrentamientos civiles más sangrientos y dolorosos de su Historia, dijo solemne, con el mismo énfasis y convicción que pone el Papa al proclamar un Dogma de Fe, que “España había dejado de ser católica”. Y nuestro político se quedó tan pancho y satisfecho como el que se acababa de comer un buen trozo de pavo después de un día de ayuno riguroso. ¡Ahí queda eso! Pero España dejó de ser católica para el gobierno y sus adláteres, que se dedicaron a la caza, captura y eliminación de cuantos creyentes encontraban, incrementando en igual medida el número de mártires. Desaparecieron los católicos de cara a la galería, pero continuaron con sus creencias, prácticas y rezos en la clandestinidad, siguiendo el ejemplo de sus precursores cuando tuvieron que refugiarse en las catacumbas y las cuevas del desierto. Cuando todo parecía perdido y los enemigos de lo sagrado se frotaban felices las manos creyendo que habían hecho desaparecer por completo a los “carcas”, (lindeza que dedicaban a los creyentes), surgieron desde todos los lugares legiones de cristianos que fueron ocupando y sacralizando nuevamente las tierras españolas, en ese episodio de nuestra Historia que unos llaman subversión y otros recuperación e incluso “cruzada”. “La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos”. Y estas divinas palabras volvieron a cobrar vigencia una vez más. Hoy parece que estamos padeciendo una nueva plaga de anticlericalismo y odio a todo lo sagrado, incluso propiciado por los que deben velar por el sentir religioso del pueblo y se empeñan en lo contrario. No obstante, presenciando las salidas de nuestra Imágenes sagradas por las distintas calles de las localidades españolas y viendo el auténtico fervor popular exento de “folklorismo”, examinando al asombrado turista que creía estar visualizando una escena de hipnosis colectiva y advirtiendo la emoción y las lágrimas de los miles y millones, sí millones, de personas que aguataban estoicamente las horas y el frío para contemplar y venerar sus queridas imágenes, me di cuenta, como hacía tiempo que no me ocurría, que esta Semana Santa se había vivido la Pasión de Cristo con mayor intensidad y fervor que las anteriores. Y no he sido el único que ha tenido esta apreciación. Ignoro las causas de este incremento de fe y recogimiento popular, cuando vivimos tiempos en los que lo normal es el ataque y la mofa de todo lo sagrado. Pasé unas horas de verdadera emoción y recogimiento y hasta sentí el clásico nudo en la garganta y la humedad en mis ojos ante esa “panorámica” de fe popular que a más de uno le estaría causando el mismo efecto que un tremendo dolor de muelas. Me dirán, incluso personas muy cercanas y queridas, que eso no es fe, ni emoción, sino pura diversión turística. Atracción festiva. ¿Vieron sus caras?. ¿Les oyeron intentando contestar a la periodista sin que apenas le pudieran salir las palabras?. ¿Creen que se pueden estar seis horas a pie firme, sufriendo un frío espantoso para ver pasar una imagen que tienen ya muy vista?. No soy capillita, ni meapilas, ni un cristiano de esos que se citan como ejemplo, de lo cual no me jacto, pero les juro mis queridos lectores que ante ese grandioso espectáculo de fervor, de piropos encendidos y espontáneos, de llantos imposibles de simular y de colectivas emociones, me sentí orgulloso de mi fe y solidarizado totalmente con el dolor de ese Cristo y su Madre, que gracias a mis padres también los siento míos. Como político ignoro cómo sería Azaña, ya que mis cortos años de entonces no me motivaban aún en este terreno y soy reacio a seguir las orientaciones ajenas para enjuiciar a nadie y menos si se trata de un político donde abundan las apreciaciones sesgadas y torciteras, incluso en los textos que nos llegan. Lo que si puedo afirmar, sin temor a equivocarme, es que como adivino y profeta tenía menos porvenir que el que pretende enriquecerse con un trabajo honrado. También me atrevo a opinar que la fidelidad del pueblo a los políticos es tan efímera como la del perro callejero, que te sigue dócil y constante mientras le vayas facilitando la “manduca” y terminado este “maná”, buscará un nuevo proveedor al que ofrecer sus saltos y oscilaciones “rabudas”. Estamos en un país que no será el único, donde hoy te aclaman, besan y vitorean y mañana “se cagan en tu padre” (con perdón) y te llevan al paredón a darte el pasaporte para el que no hacen faltan fotos y huellas dactilares. Te las sacan una vez acabada la faena. No me invento nada, habla la experiencia histórica. Pero hablo de fidelidades políticas, no religiosas, ya que éstas contra lo que piensan y desean los empecinados en borrar a Dios de nuestras vidas y escenarios, suelen estar más enraizadas y aunque con mayor o menor intensidad, siempre queda algún rescoldo en nuestros sentimientos más íntimos que nada ni nadie podrá eliminar por completo. . He sido asustado y desconcertado testigo de iglesias ardiendo, sacerdotes y religiosos martirizados y asesinados e imágenes profanadas, junto a tumbas saqueadas y caprichosas detenciones por el “leso delito” de ser fieles a unas creencias religiosas. Y eso no me lo han contado los libros, ni figura en la célebre “Memoria Histórica”, los he visto y soportado en unos años donde la vida debería haberme hecho sonreír y los juegos infantiles acaparar mis jornadas, sin tener que advertir el luto y el terror en los cuerpos y en las almas, que es donde duele y se nota más. No era pues nada extraño que nuestro insigne político dijera esa ingeniosa frase y sus aduladores y bufones de entonces la creyeran profética. Está generalizado el afán por descalificar y desacreditar a la Iglesia, ante las posibles culpas y errores de los hombres que de una u otra manera forman parte de ella. Es como condenar a un país entero por los defectos y hechos punibles de un grupo de sus ciudadanos, aunque sean los que lo rigen y representan. No se puede hacer extensivo el concepto del mal a toda una colectividad por la conducta de algunos de sus hombres. Menos aún, una sociedad que se debe encargar de los asuntos del espíritu y mantenerse al margen de los problemas, ambiciones y desavenencias tan habituales en el ser humano. Es el sistema más idóneo para atacar a toda una Institución Sagrada de forma solapada y cínica porque siempre encontrarán a tibios y débiles mentales que les creerán esas falacias, sin darse cuenta que están siendo manipulados y engañados. En la actualidad hay una serie de aulladores que intentan emular a nuestro profético antepasado en su saña y vesania contra la Iglesia Católica, como Institución, y pronostican su final y eliminación de la vida española. Ya no saben qué inventarse y legislar para acabar con este sentimiento religioso popular que al parecer debe ser el último eslabón para completar la cadena con la que pretenden dominarnos e inmovilizarnos. En Rivas Vaciamadrid, su Ayuntamiento, regido por la defenestrada electoralmente Izquierda Unida, ha abierto una oficina donde se tramita gratuitamente la apostasía de la Iglesia Católica. Así como lo leen, cual si se tratara de darse de baja del seguro médico o equipo de fútbol local. No he visto aún fotos de las colas de individuos intentando renegar oficialmente de lo que ya habían renunciado en la práctica. Si así fuera ya la habrían publicado a diestro y a siniestro para que vieran la cantidad de apostatas que existen en nuestro país. ¿De verdad que hay tantos renegados católicos como para abrir una oficina y pagar a funcionarios a cuenta del erario público?. ¿Y con qué finalidad?. ¡Debe ser un municipio en el que los ingresos superan ampliamente a los gastos para dedicar el sobrante a tan necesaria y beneficiosa causa!. Dice el Evangelio que para que el campo germine y de buenos frutos, hace falta separar y quemar la cizaña. El alcalde de este simpático municipio madrileño ha comprendido la parábola evangélica y está ayudando con toda diligencia a separar y cortar esa cizaña que emponzoña a los católicos, aunque sustituyendo su quema por la inscripción en un libro registro que deberá echar humo al tener que atender a tan numerosas peticiones. ¿Inscriben también a los que renuncian a sus creencias islámicas, luteranas, budistas y demás credos o el único enemigo a reseñar y combatir es la fe católica?. No siempre corre el viento en la misma dirección, a veces lo hace en sentido contrario. De todas formas, pienso yo, que deben andar muy sobrados de tiempo y faltos de iniciativas los ediles de ese ayuntamiento para dedicarse a promocionar e inscribir a los vecinos que quieran dejar constancia escrita del abandono de su fe e incluso a los foráneos que se acerquen desde otros lugares. ¿Qué pinta un municipio en tales decisiones?. Es como acudir a una panadería para hacer constar y registrar en un libro que se abandona el tabaco. La respuesta del panadero me figuro que sería “bueno, ¿y a mi qué me dices?”. Para dejar de ser católicos o renunciar a la fe, sobran libros, certificados y subidas de escalones consistoriales. Simplemente quererlo, decidirlo y hacerlo sin más. Allá ellos y sus conciencias. Yo no asimilo, debo ser muy cerrado de mollera, que una persona intente dejar de ser católico oficialmente. Si no sientes esa fe, si no estás de acuerdo con su doctrina y postulados, solo tienes que dejar de sentirla y practicarla. Simplemente. Sin tener que darle tres cuartos al pregonero. ¿En qué pensarán que se diferencia su apostasía de facto a la inscrita en un libro municipal?. A los ojos de Dios, de su familia, si la hace sabedora de su decisión, y de los que le rodean si los deja escudriñar en sus interioridades, habrá dejado de considerarse creyente católico, que era lo que él realmente pretendía. Lo demás son paparruchadas de políticos empecinados en su guerra particular contra la Iglesia y de obcecados en abandonar la fe de sus mayores. Pero, tengan en cuenta que no deben olvidar cambiar también su nombre en el registro y elegir otro sin referencias al santoral católico. Es una desfachatez e incoherencia que se presuma de apóstata y se sigan llamando Jesús, Santiago, Pedro, María o Pura. Cambios que han de llevar a cabo en toda su documentación y registros. Si no, en lugar de apóstata, será un vulgar renegado católico, aunque firme lo contrario en ese libro rojo y municipal de Petete. ¿Cómo pretende convertirse en paladín de la apostasía católica oficial española un alcalde que se llama José?. ¿De donde cree que le viene ese nombre?. ¡Cámbiese de nombre hombre de Dios, perdón, antes de dar un paso de ese calibre y significación!. Es algo así como la célebre y absurda frase de “soy ateo, gracias a Dios”, que muchos aunque no la expresen la comparten íntimamente. Extravagancias de un mundo revuelto y enloquecido donde rezos y creencias se han cambiado en blasfemias a través de chistes, dibujos, películas, reportajes y manifestaciones, en medio de una tranquilidad cobarde y punible de los que asistimos a este pandemónium y no queremos involucrarnos en contrarrestar esta horrible pesadilla que se va extendiendo como una plaga. Solo pretendemos rezar y esperar que El de arriba haga el milagro. Una táctica por supuesto nada desaconsejable, aunque no debemos olvidar la conocida recomendación de “A Dios rogando y con el mazo dando”. No me extraña que esa Izquierda se encuentre cada vez menos unida, aunque ello no quiera decir que entre sus miembros haya personas fabulosas, respetuosas y tolerantes. Pero estos desvaríos, aunque no lo quieran entender, se pagan luego en las urnas con la “apostasía” de los votantes.

http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4522

No hay comentarios: