jueves, febrero 28, 2008

Valentin Puig, Fernandez de la Vega, tiembla

jueves 28 de febrero de 2008
Fernández de la Vega tiembla
POR VALENTÍ PUIG
UNA de las cosas que más complacen a los políticos es conseguir negar las relaciones entre causa y efecto. Si uno permite que los Pirineos sean un coladero de inmigrantes ilegales luego no asume para nada que en determinadas zonas de la geografía española, saturadas de inmigración sin papeles, eso se cruce peligrosamente el umbral de la tolerancia. Uno pacta con ERC y luego resulta que España está más unida que nunca. Es el caso de la vicepresidente María Teresa Fernández de la Vega al expresar lo preocupante que le resulta que el PP sea «cada vez más de derechas». Un PP «cada vez más de derechas» -dice- no es positivo para España. Temor y temblor existencial de Fernández de la Vega ante el oscurantismo cavernícola que propagan los funcionarios del PP desde la calle Génova.
Merece incluso cierta jovialidad recordar que antes de ese temblor bienaventurado y coqueto hubo un afán socialista de excluir al PP del juego político para ponerlo contra las cuerdas. Fue el 14 de diciembre de 2003 cuando socialistas, independentistas y eco-comunistas firmaron el pacto del Tinell en Barcelona. Se comprometieron a la reforma estatutaria -lo que ha sido un nuevo «estatut»- y suscribieron un anexo político muy específico: impedir la presencia del PP en el gobierno del Estado, renunciando a establecer pactos de gobierno y pactos parlamentarios estables en las cámaras estatales. Por supuesto, ningún acuerdo de gobernabilidad con el PP en el gobierno de la Generalitat. La voluntad de marginar al PP de la vida pública fue un rasgo sustancial del pacto del Tinell. La relación entre causa y efecto que se buscaba era precisamente obtener un proceso dialéctico que construyera la imagen de un PP de cada vez más a la derecha, apartado del juego colectivo, reacio a colaborar en nada, catatónico y agresivo, anticatalán por definición. Eso es lo que ahora hace estremecer la sensibilidad política de María Teresa Fernández de la Vega, una de las principales portavoces en la estrategia de satanización del PP. Otra cosa es que algunas personalidades del PP hayan caído con soltura en la tentación de contribuir espontáneamente a que se les pueda atribuir negativismo y crispación. Hay de todo.
En complicidad con Maragall, Zapatero asumió el pacto del Tinell y se comprometió a apoyar el nuevo estatuto. Luego vino el 11-M. Prefirió el apoyo de ERC que el de CiU. El Tinell aparecía como una planta depuradora de las aguas turbias de la democracia española. Lo que regía en el territorio catalán de forma algo ajena a los criterios de representatividad democrática se extrapolaba al gobierno de España, sin un mandato electoral contrastable. Era apostar de forma dogmática por una presunta mayoría sin respetar en otros aspectos la libertad de la minoría. Consistía en dar por sentado que aquella mayoría era determinista y no podía ser alterada por el refrendo popular. ¿Depuración o pureza democrática? En todo caso, una minoría secesionista dictaba el ritmo de la democracia.
Algunos de estos jóvenes independentistas, partidarios levantinos de la peregrina tesis de los «Països Catalans», abuchearon hace unos días a María Teresa Fernández de la Vega en la universidad de Valencia, de forma tan esperpéntica como condenable. La pancarta decía: «¡Eso no es España!». Por minoritarias que sean, las aportaciones de los grupúsculos universitarios a la degeneración de la campaña electoral son algo que cualquier gobierno responsable debiera tener en cuenta inmediatamente. En la misma línea, el candidato de ERC por Tarragona habla del «gran genocidio» español contra Cataluña, el candidato de ERC por Barcelona sostiene que España se parece cada vez más a Serbia y el presidente de ERC -Carod-Rovira- afirma que España «lleva 300 años meándose» encima de los catalanes. No hace falta recordar que ERC forma parte del gobierno tripartito catalán -Carod es vicepresidente de la Generalitat- y que firmó el pacto del Tinell. En este momento la exclusión ya no es estrictamente la del PP, sino del conjunto de España. Kosovo contra Serbia, según el guión. Acton decía que la prueba más segura para juzgar si un país es verdaderamente libre es el «quantum» de seguridad del que disponen las minorías. Como escribían los de «La Codorniz», tiemble después de haber reído.
vpuig@abc.es

http://www.abc.es/20080228/opinion-firmas/fernandez-vega-tiembla_200802280248.html

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