jueves, febrero 28, 2008

Primo Gonzalez, Iberdrola, otra forma de ganar tiempo

jueves 28 de febrero de 2008
Iberdrola, otra forma de ganar tiempo

Primo González
Iberdrola se ha tomado bastante en serio el asunto de la asimetría de las participaciones empresariales en las empresas “sensibles” de la Unión Europea. Es una decisión valiente que el Gobierno debería apoyar. La eléctrica acaba de elevar a la Comisión Europea una denuncia sobre la desigualdad flagrante que existe entre la posición francesa y la de los demás países europeos en relación con el acceso al capital de empresas nacionales declaradas de interés especial por algunos Gobiernos. Es decir, Francia para los franceses y, lo de los demás, a medias.
El asunto es que hay Gobiernos, Francia sobre todo pero también Italia, que protegen la propiedad de sus empresas más importantes para que no entren accionistas foráneos, lo cual es una forma de mantener en Europa un sistema de empresas feudales que viven por lo general ajenas a las reglas de la competencia, es decir, de espaldas al interés colectivo, de los consumidores y de las normas más elementales de la eficiencia. También hay algo de demagogia cuando se habla de estos asuntos y se viene a defender, desde posiciones ultra liberales, que todo lo que hace el Estado o en lo que interviene el Estado está mal por definición y acaba por funcionar de forma inadecuada. Tampoco es eso. Hay empresas públicas muy eficientes, pero su eficacia florece cuando compiten con otras privadas.

Lo que Iberdrola denuncia es que en Francia hay excesivas dificultades para hacer lo mismo que los franceses quieren hacer en el sector eléctrico español. Quizás nadie mejor que Iberdrola para desarrollar esta ofensiva legal en estos momentos en los que la empresa eléctrica más importante del país ve cómo los directivos del gigante francés EDF están al acecho, quizás contando con alguna complicidad española, cual caballo de Troya. El management de Iberdrola, con Sánchez Galán al frente, se está moviendo con energía (no es una metáfora) y con rapidez para neutralizar el ataque externo. Está en su derecho. Todo gestor convencido de la bondad de su proyecto empresarial (y el equipo directivo de Iberdrola lo está más que plenamente) lucha por mantenerlo y llevarlo a la práctica sin injerencias externas. Es legítimo.

Iberdrola se ha lanzado además a una frenética carrera de crecimiento en lo que hay doble justificación. Por un lado, desarrollar un proyecto empresarial diversificado en fuentes de generación de electricidad y diversificado geográficamente hablando. Hay, por otra parte, una justificación derivada de la necesidad de crecer, de ser más grande, para dificultar una compra, que es una de las formas más habituales de desarrollar estrategias anti opa. Es por esta vía doble por la que Iberdrola se ha convertido en corto espacio de tiempo (aunque haya sido de forma esporádica) en la tercera empresa del Ibex 35 por valor de mercado, de forma que ahora cuesta casi 50.000 millones de euros comprarla entera. Son palabras mayores. Es casi el doble de lo que ahora mismo vale Repsol. EDF es más grandes. El bocado de Iberdrola sigue estando a su alcance, pero ya se lo tiene que pensar dos veces y quizás pedir mucho dinero prestado para desarrollar la operación, lo que a su vez complica más aún el asunto, ya que el crédito ya se sabe que escasea últimamente.

Pero EDF tiene el aval del Estado francés, lo que puede facilitarle mucho las cosas. Es aquí en donde Iberdrola, quizás desconfianza de las intenciones del próximo Gobierno, se ha embarcado en la aventura contenciosa, acudiendo a los tribunales. Piensan posiblemente en Iberdrola que de la misma forma que los tribunales europeos han condenado a España (Ley Rato) por tomar medidas defensivas para evitar que las empresas españolas consideradas estratégicas fueran adquiridas por compañías públicas foráneas, las autoridades europeas pueden condenar a Francia, de forma que aten de pies y manos a EDF para neutralizar su descarado estatalismo y en particular su propensión a comprar empresas foráneas, sin la más mínima reciprocidad. ¿Conseguirá Galán romper los monopolios franceses de la propiedad pública, desbaratando su ofensiva sobre suelo español? Por intentarlo que no quede. De momento, y mientras las autoridades europeas se lo piensa, puede conseguir ganar tiempo y darse un nuevo plazo para seguir creciendo. Es quizás una huída hacia delante pero puede ser también un excelente revulsivo para desmontar los monopolios que subrepticiamente sobreviven en Europa, algunos de ellos dotados de una excesiva agresividad, impropia de socios de un mismo club.

http://www.estrelladigital.es/diario/articulo.asp?sec=opi&fech=28/02/2008&name=primo

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