viernes, diciembre 14, 2007

Miguel Angel Loma, Blas Infante y el café para todos

Blas Infante y el café para todos
Miguel Ángel Loma
T RANSCURRIDO un tiempo del escandalito producido por las descalificaciones de Alejo Vidal-Quadras a Blas Infante realizadas en una tertulia radiofónica (posteriormente rectificadas), y calmadas ya aquellas aguas que por tierras andaluzas fueron utilizadas en el intento de convertir al político catalán en enemigo del pueblo andaluz, recupero el episodio para realizar alguna consideración. Porque lo que subyace en este tema, cerrado un tanto en falso, afecta al ejercicio de un derecho tan fundamental como es la libertad de opinión y expresión que, si bien parece absoluta cuando se ejercita frente a unos, resulta cada vez más restringida cuando se refiere a otros. En esta España tan plural y tan diversa salirse de la fila no resulta gratuito. Aunque considero a Vidal-Quadras una de las mejores y más sensatas cabezas del PP (quizás por eso Aznar se la entregó en bandeja de plata a Pujol nada más ganar las elecciones del 96) no encuentro acertado ni caballeroso calificar de cretino integral a quien fue fusilado únicamente por sus ideas, aunque peor dialéctica practiquen a diario sobre los fusilados por el bando republicano quienes más se rasgaron las vestiduras con las palabras de don Alejo (y no me refiero precisamente a los andalucistas). Pero dicho lo anterior, Blas Infante, como político que fue, candidato por diferentes listas electorales, protagonista de acciones y planteamientos un tanto erráticos, puede ser objeto de opiniones críticas como cualquier otro. Sólo desde la ignorancia sobre el personaje cabe eludir que bastantes de sus aspiraciones (como la pretensión de restaurar una falsa e idílica Al-Andalus en Andalucía) son hoy tan ajenas a la mayoría de andaluces, como lo fueron cuando las proclamó. Sucede que, cuando nos llegó aquello del «café para todos» y el peligroso experimento constitucionalizado de transformar las, hasta entonces, regiones españolas en Autonomías con vocación de nacionalidades, los políticos andaluces del consenso echaron mano de Infante como máximo referente del nacionalismo andaluz; quizás, porque no había otro. Pero tal elección se hizo a fuerza de silenciar los planteamientos más conflictivos del personaje, enfatizando únicamente los elementos de su discurso que fueran asumibles, más o menos, por la mayoría. De ahí que las ideas políticas de Blas Infante sigan siendo tan desconocidas para la inmensa mayoría de andaluces como lo fueron en su tiempo, y que la enseñanza escolar sobre el personaje se limite a unos cuantos tópicos y a explicarles a los críos la bandera blanca y verde, el himno, el escudo y el relato de su desgraciado fusilamiento. Porque Blas Infante, para ser elevado a la categoría de «padre de la patria andaluza», ha sido sometido a una notable mutilación ideológica. El hecho de que tal paternidad se haya otorgado vía Estatuto de Andalucía (cuya sustancial reforma ha sido aprobada por el 87,32% de sólo el 36% de los andaluces convocados a las urnas) en absoluto le otorga inmunidad de crítica sobre su vida y obra, como han pretendido argumentarnos mediante la falaz interpretación extensiva de que quien descalifica a Infante, descalifica a todos los andaluces. Con esa misma argumentación, cualquier día nuestro inefable Manuel Chaves se concede vía decreto su intangibilidad a la crítica nombrándose abuelete de la patria andaluza; su presidencia perpetua de la Junta de Andalucía le otorga méritos suficientes para ello. Lo deseable y necesario es que las críticas se hagan con respeto, pero el respeto, como aquel café del invento autonómico que tan caro nos está resultando, también debería exigirse para todos aquellos que, como Blas Infante, murieron fusilados por sus ideas y que hoy todavía siguen siendo objeto de las más hirientes injurias.

http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4330

No hay comentarios: