martes, febrero 27, 2007

Luis Pousa, Galicia sabe hacer barcos

martes 27 de febrero de 2007
LUIS POUSA
CELTAS SIN FILTRO
Galicia sabe hacer barcos
La SEPI es la continuadora de la política discriminatoria que, los último años de su reinado, aplicó el INI en el sector público de la construcción naval. Todavía faltan por conocer muchos detalles de cómo los criterios técnicos -aplicados por los dirigentes del desaparecido Instituto Nacional de Industrial durante las reconversiones- estuvieron trufados de tejemanejes políticos, de los que Astano salió peor parado que los demás. Y eso que el astillero ferrolano era el que, comparativamente, mejores ratios presentaba en términos de eficiencia empresarial, y ofrecía un balance contable menos negativo que cualquier otro del holding naval, luego rebautizado como IZAR.
El caso es que ni con las sucesivos recortes aplicados por el Gobierno español, durante la presidencia de Felipe González, quedaron resueltos los problemas de reestructuración productiva del sector. Razones territoriales, fundamentalmente de corte electoral, lo impidieron.
Con IZAR, la factoría gallega no corrió mejor suerte, y finalmente tuvo que apandar con las consecuencias del uso ilegal de unas ayudas comunitarias, de las que ella no fue beneficiaria directa sino otros astilleros públicos, en el segundo mandato de José María Aznar, 2000-2004. Acuciado por la situación de quiebra en la que se encontraba el grupo, el equipo económico de José Luis Rodríguez Zapatero salvó la papeleta con un acuerdo al límite con Bruselas, apoyado por las centrales sindicales mayoritarias, por el que Navantia (empresa pública en la que se integraron los astilleros de IZAR) se dedicaba a la construcción militar, con la penalización de que los astilleros de Fene y Puerto Real no podrían reanudar la actividad en construcción civil hasta el año 2015.
Pere hete aquí que el mercado, singularmente en offshore, trasatlánticos y buques gaseros, se encuentra en una fase expansiva de la demanda, que según los expertos puede durar entre cinco y siete años, y la empresa Barreras, con el apoyo financiero de las cajas de ahorro, estaría en condiciones de atender muchos más pedidos si pudiese usar parte de las instalaciones de Navantia Fene que permanecen ociosas. Este escenario con expectativas presenta rasgos, tanto desde el punto de vista del riesgo empresarial como en términos de asunción de una complejidad tecnológica intermedia al alza, que no son ignorados por la Xunta pese al rechazo conformista de los agentes sindicales.
Al margen de los acuerdos sellados entre la SEPI y las autoridades comunitarias, la realidad es que Galicia sabe hacer barcos y sabe hacerlos bien. Por las costas gallegas pasan diariamente no menos de treinta buques portando mercancías peligrosas, un hecho que Madrid y Bruselas deberían tener en cuenta a la hora de recompensar a la sociedad gallega por los peligros a los que está expuesta y las externalidades que tiene que soportar. La construcción naval es una actividad geoestratégica para la economía gallega, que en el caso de Ferrol se justifica no sólo en el hecho de su aportación a la generación de valor añadido, también en sus efectos indirectos sobre el resto del tejido empresarial local y comarcal.
Pese a la negativa del Ministerio de Economía, la batalla a favor del retorno inmediato de la factoría de Perlío a la construcción civil no ha hecho más que empezar.

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